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18 abril, 2010

Café de padres: consumismo, dinero, tiempo libre

Ayer en el café de padres tuvimos como invitada a Celia Ropero, profesora y orientadora familiar. Nos habló de la educación de los hijos en la sobriedad, superando el consumismo imperante en la sociedad.

En primer lugar Celia apunta que en la educación no hay recetas, que cada familia tiene su estilo y que lo importante es que haya un acuerdo de los padres en lo principal. También nos dice que ninguna batalla está perdida, que nunca es tarde. La adolescencia es una etapa de la vida que acaba pasando y a la que no hay que hacerle más caso del debido.

Habla de la importancia de una autodisciplina diaria desde pequeños: orden en su habitación, hacerse la cama, no picar entre horas, etc. Nos aconseja el artículo de Alfonso Aguiló "El niño consentido. Educación en la sobriedad" dentro de la sección "Educación de la voluntad y del carácter" en la web www.interrogantes.net. La sobriedad los hace personas fuertes ante la vida y es una fragua de virtudes.

Expone que no es conveniente que dispongan de demasiado dinero, pero tampoco que estén demasiado escasos. Evitar caprichos, no despilfarrar. Cuidar las influencias externas: en la televisión el que triunfa lo tiene todo, algo que no ocurre en la vida.

En la medida de lo posible evitar la satisfacción inmediata. El acostumbrarse a la satisfacción inmediata hace que cuando no la consiguen se frustran y esta frustración produce agresividad. Además si todo lo consiguen sin esfuerzo no se ilusionarán por nada.

Conviene no ahorrarles sacrificios razonables, no solucionarles todos sus problemas. Que sean conscientes de las consecuencias de sus actos y de sus errores. En caso contrario no aprenderán. Evitar la sobreprotección.

Nos recomienda algunas páginas web y documentos: el educaprazol, el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, www.almudi.org, Aceprensa, el Instituto de Iniciativas de Orientación Familiar y algunas más.

28 marzo, 2010

Los hijos y los estudios

Ayer tuvimos el Café de Padres de marzo. El invitado fue Ángel García, orientador educativo que acaba de hacer una tesis doctoral sobre el fracaso escolar. Nos habló, por supuesto, sobre los hijos y los estudios.



El rendimiento escolar es consecuencia de tres condicionantes:

  • El propio estudiante y sus cualidades: aptitudes, capacidades, personalidad, etc.
  • Su medio social y familiar: familia, amigos, barrio...
  • Su entorno escolar: tipo de centro educativo, relaciones con los profesores y compañeros, etc.

Dentro de la familia la madre tiene una mayor influencia en los hijos y en su rendimiento escolar. Una familia culta tiene más posibilidades de transmitir esa cultura a los hijos y mejorar sus resultados escolares. Pero lo más importante en el entorno familiar es la comunicación de esa cultura. Lo que determina la relación entre rendimiento escolar y familia es:
  • La comunicación real que hay entre padres e hijos.
  • El lenguaje verbal, no verbal y afectivo que se utiliza.
  • Las expectativas de futuro de los hijos.
  • El apoyo e interés por los estudio.
  • Los hábitos lectores y de trabajo intelectual
  • Las actividades culturales.

Las causas del fracaso de los alumnos son principalmente la falta de motivación y la falta de disciplina de trabajo en los alumnos. Asimismo el éxito en los estudios se consigue con:
  • Un horario de trabajo fijo.
  • Un lugar de trabajo fijo y adecuado.
  • Unas técnicas de estudio correctas.
  • Un paso paulatino del control paterno a la autonomía propia del alumno.
Lo fundamental es pues conseguir unos hábitos de estudio y trabajo.

Ya en el coloquio, ante las preguntas de los asistentes, aparecieron otros temas importantes. Uno especialmente polémico: en ocasiones hay una gran diferencia entre los centros escolares. En su trabajo ha encontrado, en las pruebas de acceso a la universidad, diferencias de éxito de hasta el 300% entre centros del mismo entorno geográfico.

Estas diferencias se deben, en buena medida, a las diferentes líneas pedagógicas seguidas por el centro. Hay centros con una pedagogía del esfuerzo y trabajo y hay centros en los que se pretende que el alumno disfrute y lo pase bien. Estos últimos contribuyen en gran medida al fracaso escolar en etapas superiores aunque sus alumnos titulen sin esfuerzo.

En este país los políticos hace años que no se ponen de acuerdo en temas de educación y como consecuencia el informe Pisa nos deja muy mal desde hace varios años. Para quedar mejor los gobernantes han decidido bajar el nivel para que más alumnos apruebe y consigan su título. Pero cuando se baja el nivel de exigencia, automáticamente los alumnos bajan el nivel de trabajo.

También se habló de la importancia de la enseñanza primaria. Los hábitos de trabajo se adquieren en primaria. Un chicos que llegue a la secundaria sin hábitos de estudio tiene grandes dificultades para adquirirlo. Un chico que acabe primaria con un buen nivel de lectura comprensiva y con hábitos de trabajo tiene una gran ventaja para conseguir éxito en sus estudios.

16 noviembre, 2009

¿Cómo exigir a los adolescentes?


La rebeldía propia de la adolescencia no debe ser una disculpa para dejar de educar en esta etapa. No se trata de renunciar sino de cambiar la forma de hacerlo.

Ellos cambian y nosotros también

Hasta hace poco tiempo para exigir un comportamiento a un hijo era suficiente con mandárselo. Ahora ya no ven a sus padres como un modelo a imitar. Han cambiado. Nosotros también deberíamos cambiar ante la nueva situación. La forma de ser diferente, aunque el fondo debe permanecer igual, ya que el adolescente sigue necesitando la solidez de sus padres en la educación.

En estas edades tendremos que aprender a conceder y a permitir una mayor autonomía de los hijos, pero sin ceder del todo y sin dejar que cada hijo o cada hija hagan lo que quieran.

Conocer a los hijos

Hemos de procurar conocer mejor a los hijos y conocerlos en profundidad. No podemos contentarnos con tener algunos datos. Para conocerlos bien es necesario observarles sistemáticamente, el padre y la madre por separado. Después habrá que contrastar esas informaciones. Habrá que conocer las características propias de la edad, el carácter que tienen los hijos, sus intereses, sus expectativas e ilusiones y también sus puntos débiles.


Escuchar más y hablar menos

Se ha dicho que “el hombre tiene dos orejas y una boca para escuchar el doble de lo que se habla”. Si escuchamos a los hijos podremos saber lo que piensan, porqué actúan, lo que esperan, etc. Escuchar nos va a permitir conocer, entender y poder ayudar mejor. De lo contrario, educaremos a ciegas.

Cómo tratar a los adolescentes

Algunas pautas como las que aparecen aquí pueden ayudar a comunicarnos mejor con los hijos adolescentes y ahorrarnos innecesarios dolores de cabeza:

- Evitar los “sermones” interminables que llevan a no escuchar.

- Procurar dar razones concretas de porqué actuar de una forma determinada.

- Ser oportuno al corregir. Evitar hacerlo cuando el hijo está enfadado o cuando lo estamos nosotros.

- No corregir en público sino en privado, de forma positiva y animante.

- Evitar las ironías y los insultos al comentar las formas inadecuadas de comportarse.

- Ser coherente y dar ejemplo. No se puede corregir un día sí y otro no la misma conducta.

- No exigir lo que el hijo no puede dar. Ir poco a poco.

- No desacreditar al otro cónyuge en la educación de los hijos.

- Corregir sólo lo importante.

- Evitar conversaciones importantes cuando el hijo está cansado o desanimado.


Exigir

Exigir es dar un punto de referencia en estas edades. En la adolescencia necesitan que les sigamos ayudando y que tengan metas claras a la que tender. Habrá que procurar un adecuado equilibrio entre libertad y responsabilidad. Si la responsabilidad crece se pueden ir concediendo puntos de libertad.

En la adolescencia se debe seguir exigiendo igual que en otras etapas de la vida, pero la forma de decir las cosas debe cambiar. Se tratará de buscar su colaboración para hacer lo que tiene que hacer, pero no de una forma imperativa. Vamos a conseguir más diciéndole que ayude a realizar una tarea concreta o que no se olvide de terminar los deberes que utilizando el “ordeno y mando”.

Por último, no debemos olvidar dar las razones y poner cariño y paciencia a la hora de exigir. En contra de la opinión actual, nadie se traumatiza porque le exijan: al contrario. Quien no se exige se convertirá en una marioneta incapaz de conseguir ninguna meta en su vida y se sentirá fracasado.