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08 julio, 2016

Vivac 2016

El primer fin de semana de julio hemos aprovechado para hacer una de las excursiones más emocionantes del año: el vivac. El sábado partimos desde Anciles Luis, su hermano Pelayo, Jaime y Juan Carlos con José y Charly como mayores. Paramos por primera vez en La Flecha de Torío para localizar un tesoro de geocaching escondido en un puente colgante muy chulo.

Hemos encontrado el tesoro. Pero es muy pequeño.
A continuación seguimos nuestro camino. Pasamos al lado del Campamento de Valdelugueros y seguimos hasta Redipuertas para darnos un chapuzón en la poza más chula de los alrededores. Bueno, los únicos que se "mojaron" fueron Luis y Pelayo. El agua estaba bastante fría. Después del chapuzón paramos a comer a la sombra de los árboles que hay entre la iglesia del pueblo y el arroyo que alimenta la cascada.
El arroyo que pasa por Redipuertas.
A la hora de la siesta decidimos explorar los alrededores del río Curueño. Intentamos encontrar un paso por una zona rocosa, pero no lo conseguimos. Como nuestra intención era iniciar el camino hacia el bosque a una hora suficiente para que no se nos echara la noche, así que a eso de las cinco llegamos al punto de partida. Preparamos lo necesario para la noche y emprendimos el camino.
Con todo el equipaje iniciando el camino hacia el bosque.
Empezamos a caminar por el valle de Valcaliente cuesta arriba. El sol nos da de espalda y hace un calor sofocante. Pero los chicos avanzan rápidos como centellas. Casi sin paradas llegamos a la caseta que marca el punto de descanso antes de la subida final. Una breve parada y ¡arriba! En poco tiempo todos estamos en el claro del bosque que sirve de punto de reunión. Dejamos allí las mochilas y vamos en busca de la cabaña del año anterior. La encontramos entera. Con solo unos pequeños arreglos estará lista para acogernos durante la noche.
Pelayo y Jaime preparan otra cabaña. A la derecha parte de la cabaña grande.
Pero Jaime y Pelayo se empeñan en preparar otra cabaña para ellos solos. Será muy pequeña, solo dos o tres plazas. Con un poco de ayuda la tienen lista en poco tiempo. ¡A ver si se atreven a pasar la noche sin ningún mayor cerca!

El resto de la tarde lo empleamos en jugar al escondite hasta la noche. Cenamos al oscurecer. Después rezamos un rosario. A continuación José nos contó algunas de sus impresionantes historias emocionantes.
Los pequeños ante la cabaña donde pasaremos la noche.
Ya totalmente de noche nos vamos a la cabaña para dormir. Finalmente solo Luis y Pelayo se atreven a dormir solos en la pequeña cabaña un poco apartada de la principal. Los demás se quedan en la cabaña grande entre José y Charly. La noche es tranquila y fresca. De vez en cuando los ruidos de los animales nocturnos suenan en el bosque más o menos cercanos. Los corzos, diversos pájaros, quizá algún jabalí... Los únicos visitantes molestos son los mosquitos.
Luis y Pelayo despertando en su cabaña.
Al salir el sol nos vamos levantando poco a poco. Luis y Pelayo están emocionados después de una noche solos. La mañana es fresca. En cuanto nos da el sol estamos mucho más a gusto. Un desayuno suculento y toca recoger. Cuidamos que allí no quede nada, ni olvidado, ni abandonado. Hay que cuidar un lugar tan bonito. Dejamos nuestras cabañas y ascendemos un poco más para regresar por otro camino. Recorremos el bosque hasta salir al monte bajo. Las vistas son preciosas.
Iniciando el regreso.
Llegamos hasta una cresta rocosa donde hace años guardamos un tesoro de geocaching. Allí sigue intacto. Está en un lugar realmente poco accesible. Ahora llega el momento más emocionante del regreso. Nos adentramos en un valle muy pendiente entre hayas viejas.
Pelayo y José descendiendo por la fuerte pendiente.
La pendiente es tan fuerte que resulta divertido dejar caer los sacos de dormir, que bajan rodando. Hasta que alguien se da cuenta de que ha perdido su saco. Ya estamos demasiado abajo, no hay tiempo de subir a rescatarlo ahora. Tenemos dos alternativas para recuperarlo: esperar al próximo vivac el año que viene, o bien una expedición por la tarde.
Pelayo sobre un árbol en el descenso.
 Queremos llegar a Boñar antes de las doce y media para asistir a misa y antes nos vendría muy bien un baño. Ya cansados y con poco tiempo llegamos hasta la furgoneta. Tenemos el tiempo más que justo para un baño rápido en el río. Luis y Pelayo se ponen el bañador, pero finalmente no se lanzan al agua. Hay que seguir camino. Llegamos a Boñar justo a tiempo para asistir a la misa. Allí nos encontramos a Michel con Jorge, el mantenedor del campamento.

Regresamos a Valdelugueros y comemos en el comedor del campamento. Es todo para nosotros. Cuando acabamos llegan algunas familias con los acampados que hoy empiezan su turno y algunos monitores. Nosotros nos vamos hasta el "Canto de la Forca" para explorar un poco. Tomamos agua de la fuente y subimos a lo alto de la roca.
En lo alto de la peña del "Canto de la Forca": Pelayo, Jaime, Juan Carlos y Luis.
Ahora decidimos que es el momento de rescatar el saco perdido en el descenso matutino. Pero decidimos intentarlo por otro camino más rápido y divertido. Ante nosotros tenemos la impresionante pared de Peña de las Murias. Pelayo y Jaime, con Charly como guía, ascienden por esta pared a un ritmo vertiginoso. La subida es sencilla, pero exigente. Llegamos a lo alto de la peña en cuarenta y cinco minutos, salvando un desnivel de trescientos metros. Agotador, pero chulo. Desde lo alto pasamos con cuidado al valle y en el descenso ¡encontramos el saco perdido! Desde la partida hasta el regreso al coche hemos tardado hora y media. Mientras, José ha estado contando historias a los que se quedaron. Quedamos agotados, pero felices para regresar a casa. ¡El vivac siempre es aventura!

Más fotos en flickr.

12 septiembre, 2015

Repetimos el vivac

A finales del pasado mes de julio hicimos una de las actividades más emocionantes del año: el vivac. En aquella ocasión, por diversas circunstancias, solo pudieron asistir dos chicos. Así que decidimos dar una nueva oportunidad a esta excursión. Esta semana, justo antes de empezar el curso en primaria, hemos vuelto al bosque de los elfos para pasar allí una noche emocionante.

Esta vez han estado Pelayo, el único que repetía, Luis, hermano de Pelayo, que ya puede venir al club, y Jaime, que en la anterior edición no pudo estar. Partimos desde Anciles a mediodía del lunes 7 de septiembre. Nuestra primera parada fue en la cascada cola de caballo de Nocedo. Después nos dirigimos hacia el campamento de Valdelugueros. Allí encontramos a unos chicos del Club Deva de Gijón que estaban preparando una filmación. Nosotros nos fuimos hasta el canto de la forca para comer allí.

Pelayo, Houston, Jaime y Luis en lo alto del canto de la forca.
Después de comer nos dedicamos a explorar la peña del canto de la forca. Un poco de "escalada" controlada. Las vistas desde lo alto de esta peña son magníficas. De paso pudimos revisar un geocaching que guardamos aquí hace varios años. Todo en orden. Ya eran más de las cinco de la tarde, así que pasamos por el campamento a reponer agua y nos dirigimos inmediatamente hacia nuestro destino.

Preparar las mochilas con todo lo necesario para pasar una noche en el bosque lleva su tiempo. Hay que llevar todo lo necesario, pero dejar en el coche todo lo superfluo para no cargar con demasiado peso. El camino resultó agradable, no hacía demasiado calor y por el camino había abundantes moras. El lugar es realmente bonito.
Iniciando el camino hacia el vivac. Por el valle del fondo descenderemos al día siguiente.
Poco antes de las siete de la tarde habíamos llegado a nuestro destino. Dejamos las mochilas y enseguida comprobamos que la cabaña de palos estaba en perfecto estado. Nos dio tiempo a explorar los alrededores, a jugar al escondite, a preparar las cosas para la noche.

Ya en plena oscuridad, alumbrados por la luz de las linternas, acabamos de cenar. Después rezamos el rosario. A continuación se contaron historias emocionantes. Cuando nos fuimos al saco en la cabaña ya era casi medianoche. Houston siguió contando una nueva historia, pero no todos consiguieron escucharla completa, el sueño los venció. La noche fue larga, fría y silenciosa. Pocos pudieron dormir mucho.
Ante la cabaña donde pasamos la noche, antes de regresar.
Al poco de amanecer todo el mundo estaba despierto. Nos levantamos pronto. Hacía bastante frío. Hasta que el sol nos iluminó no conseguimos entrar en calor. Desayunamos y, después de recoger todo, emprendimos el regreso por lo alto del monte.

Primero tuvimos que subir una pendiente fuerte. Después continuamos caminando por lo alto del monte procurando no perder la senda. Un poco más tarde se terminó el bosque y salimos al monte bajo. Paramos un momento entre unas rocas con unas vistas espectaculares del valle del Curueño y del Bodón.
Una parada en lo alto del bosque.
Al poco de reemprender la marcha nos damos cuenta de que se escuchan a lo lejos bramidos y ladridos. Parecen vacas y perros, pero demasiado continuo... Hasta que nos damos cuenta de que es el principio del tiempo de la berrea del ciervo. A partir de aquí procuramos caminar con sigilo, sin hacer ruido y con los ojos bien abiertos. Entre las peñas del valle que tenemos enfrente, por el que vamos a descender, se escucha con intensidad los berridos de los ciervos y, en ocasiones, los ladridos de los corzos. Se palpa la emoción.

Lo cierto es que no vemos nada. Jaime afirma haber visto algún ciervo saltando entre las matas a lo lejos. Nadie más consiguió verlo. Caminar sin hacer ruido entre el monte bajo es imposible. En cuanto nos acercamos a las rocas entre las que escuchamos los sonidos, todo vuelve al silencio. Nos situamos en lo alto de unas rocas donde tenemos buena visión del valle. Escuchamos en silencio durante unos diez minutos. Al poco se vuelve a escuchar algún berrido lejano, incluso el entrechocar de astas. Pero no logramos ver nada.
Bajando por el fondo del inclinado valle entre enormes hayas.
Bajamos de las rocas y nos adentramos en el valle. No volvemos a escuchar más berridos. Ahora se trata de bajar por un valle muy estrecho con una pendiente realmente fuerte, entre unas hayas preciosas. Hacemos un concurso para ver quién se cae menos veces. Lo cierto es que las caídas fueron muy pocas. Después de algo más de media hora de descenso, llegamos al coche.

A esta hora ya hace algo de calor y necesitamos un baño. Nos vamos hasta las pozas de Los Caseríos. Allí nos pegamos un buen baño.... bueno, no todos. El agua está realmente fría y alguno no se atrevió a lanzarse al río. En cualquier caso es baño duró poco.

A continuación nos fuimos hasta el pueblo de La Valdorria. Nuestro objetivo es llegar a la ermita de San Froilán. Para esto tenemos que seguir el camino de la ermita y salvar los supuestos 365 escalones que llevan hasta ella. Pelayo se encargó de contar los escalones. Parece que faltan unos cuantos.
En lo alto de la peña donde está la ermita de San Froilán.
Allí pudimos comer tranquilos, contemplando un paisaje montañoso impresionante y el pueblo a lo lejos. Una vez bien descansados intentamos localizar un geocaching que había por los alrededores. No lo encontramos. ¡Ha sido saqueado!. Una pena. Antes de regresar a León pasamos por la cueva de Miriamor, en las hoces de Valdeteja. Aquí sí que localizamos, sin problemas, un nuevo tesoro de geocaching.

Regresamos a casa pronto. Estamos muy cansados. Hemos subido y bajado montañas, hemos pasado una noche en el bosque, hemos dormido muy poco. En el viaje de vuelta alguno se queda profundamente dormido. En cualquier caso lo hemos pasado realmente bien. En flickr podéis ver algunas fotos más.

29 julio, 2015

Lo más emocionante del verano: el vivac

Eso es lo que dice Pelayo, que estuvo en el vivac del pasado fin de semana. Pero antes contaremos brevemente nuestro viaje a Valladolid, que también fue emocionante.

En Niara y Aldebarán

El miércoles nos fuimos hasta Valladolid Pelayo, Jaime y Charly. El plan era conocer Niara, el Club Juvenil y deportivo de Valladolid, y pasar la tarde en Aldebarán, una finca cerca de Simancas. Llegamos a Pucela a la hora de comer. Después nos fuimos hasta Niara. Allí nos enseñaron amablemente las instalaciones del Club y el polideportivo. Lógicamente Pelayo y Jaime se quedaron con la boca abierta. ¡Hay que conseguir muchos socios para Anciles para tener algo parecido en León!
Jugando con los de Montauca en Aldebarán.
Después nos fuimos a Aldebarán. Allí estaban ya los chicos del Club Montauca de Burgos, así que nos pusimos a jugar a fútbol con ellos. Después fueron llegando los de Niara, Tempero, algunos mayores... Pasamos una tarde estupenda con fútbol, piscina y amigos. A ver si podemos volver durante el resto del verano.

El vivac

Siempre hemos dicho que pasar una noche en un bosque durmiendo en una cabaña construida por nosotros mismos es de lo más emocionante. Pelayo añade que para él ha sido la actividad más emocionante del club, más incluso que el campamento, ¡que ya es decir!
Juan Carlos y Pelayo con un trofeo en el monte. Al fondo el valle de Valdelugueros con el Bodón.
Lamentablemente estuvimos pocos en el vivac: Juan Carlos y Pelayo con Houston y Charly. ¡Lástima de algunos que hubieran querido venir, pero por diversas circunstancias no pudieron! Es lo que tiene el verano.

Salimos el sábado desde Anciles y nuestro primer destino fue un baño en las pozas del Curueño. Después nos fuimos a comer al "Canto de la Forca", cerca del campamento. Charly había localizado en el monte una cornamenta de ciervo dos días antes. Al contárselo, Juan Carlos y Pelayo decidieron ir a buscarla. Así que a primera hora de la tarde caminamos una hora cuesta arriba. Localizamos sin problemas el trofeo. Juan Carlos estaba realmente emocionado.
Pelayo, Juan Carlos y Houston camino del Bosque de los Elfos.
 Después de descender del monte, cargamos agua y nos fuimos directos hacia el Bosque de los Elfos, donde pasaremos la noche. El camino nos llevó cerca de una hora. Por el camino pudimos probar algunas frambuesas que estaban deliciosas. A pesar del esfuerzo acumulado todos llegamos enteros y frescos (es un decir) hasta nuestro objetivo.

Llevábamos cierto retraso, pero afortunadamente la cabaña de palos del año pasado estaba en pie y solo necesitó algo de limpieza para estar habitable. Entre juegos y canciones se nos hizo de noche. Cenamos, rezamos el rosario y contamos algunas historias emocionantes. También aprendimos a localizar la Osa Mayor y la estrella Polar. Como premio pudimos contemplar una estrella fugaz.
Amanece en la cabaña del bosque
Llegó la hora de acostarse. Ya acomodados en el interior de la cabaña, unos durmieron mejor que otros. En la noche se escuchaban los ruidos del bosque: el búho, algunos insectos, ratones, animales que se mueven en la noche... Esta vez no escuchamos los ladridos del corzo, para pena de Juan Carlos.

A eso de las nueve de la mañana el sol llegó a la cabaña. A esa hora se levantaron Pelayo y Juan Carlos. Desayunamos con ganas, recogimos todas las cosas y emprendimos el camino de vuelta. El regreso lo hicimos por lo alto del monte, que tiene su emoción.
Houston, Pelayo y Juan Carlos bien cargados, emprenden el regreso ante la cabaña.
El camino de vuelta discurre en un primer momento por el bosque. Luego sale al monte bajo proporcionando buenas vistas de las montañas cercanas: el Huevo de Nocedo, el Bodón, Peña Valdorria, etc.
Juan Carlos, Pelayo y Houston a mitad del camino de regreso.
Llegamos al lugar donde hace años habíamos guardado un tesoro de geocaching. El año pasado lo habíamos encontrado saqueado y este año lo repusimos en su lugar. Ahora el camino sigue de nuevo por un bosque de hayas con una pendiente muy fuerte. El descenso es rápido y divertido.

Descendiendo por el bosque de hayas.
En cuanto llegamos al coche nos vamos de nuevo a las pozas para darnos un merecido baño en las aguas del Curueño. El agua está fría y a Juan Carlos y Pelayo no les apetece mucho mojarse. Regresamos al campamento para asistir a la misa. Es el día de padres del último turno y hay muy buen ambiente.

Para comer subimos hasta el Puerto de Vegarada. Allí hay todo tipo de ganado suelto: vacas, caballos, ovejas... Juan Carlos se emociona. Después de comer nos acercamos a los animales con mayor o menor fortuna. Esta vez Houston no consigue subirse a ningún caballo a pesar de intentarlo.
Houston intentando convencer al animalillo.
Antes de regresar a León pasamos por Redipuertas para tomarnos un refresco y un último baño. El cansancio hace mella en los excursionistas. Regresamos a León haciendo planes para el resto del verano. Más fotos en flickr.

31 julio, 2014

En el vivac 2014

Todos los años en veranos hacemos una excursión muy especial: el vivac. Se trata de ir a un lugar concreto de un bosque de hayas que conocemos y allí construir una cabaña con palos y dormir una noche en ella. Este pasado fin de semana nos fuimos seis chicos y dos mayores: Jose, Eduardo, Miguel, Iker, Alejandro y Jesús con Houston y Charly al frente.

Iniciado el camino hacia nuestro destino para pasar la noche.
Salimos desde Anciles a mediodía del sábado. Nuestro primer destino fueron las pozas de Los Caseríos, donde disfrutamos de unos buenos chapuzones en las frías aguas del río Curueño. Después comimos en Redipuertas al lado de una cascada. También allí aprovechamos para refrescarnos en el agua.

Todos ante la cabaña ya lista para pasar la noche.
Ya a media tarde, preparamos las mochilas y emprendimos el camino hacia el bosque de los elfos. Un primer tramo de suave ascensión nos llevó media hora. Un descanso, y emprendimos la ascensión fuerte hasta el punto de acampada. Esta vez en un cuarto de hora estábamos arriba. Un breve descanso, para reponer fuerzas, y buscamos la cabaña del año pasado: estaba completa e intacta. Solo hubo que arreglar un poco el suelo y reforzar con algún palo nuevo.

Amanecer en la cabaña del bosque.
Antes de cenar tuvimos tiempo de escuchar parte del repertorio de Houston a la guitarra. Después de la cena rezamos el rosario y se contaron emocionantes historias de miedo. Ya de noche cerrada nos fuimos hasta la cabaña. Houston siguió contando historias emocionantes, pero no todos lograron escucharlas hasta el final. La noche, para el suscribe, transcurrió tranquila entre sueños y despertares sobre el suelo duro y resbaladizo. Los chicos, la verdad, es que no se quejaron. En cuanto, al amanecer, el sol llegó a iluminar la cabaña, todos se levantaron sin necesidad de más jaleos.

Una parada en el camino de regreso.
Desayunamos, recogimos todo y emprendimos el regreso por la parte alta del bosque. El tramo final baja por una pendiente muy pronunciada, pero muy divertida, perfectamente acolchada por las hojas de haya. Llegamos a tiempo de darnos un breve baño antes de asistir a misa en Lugueros. Nos fuimos a comer al Puerto de Vegarada donde vimos nacer el río Curueño. Antes de regresar a León estuvimos un buen rato bañándonos en la piscina fluvial de Lugueros.

Un chapuzón en el Curueño
Puedes encontrar más fotos en flickr.

04 julio, 2013

Vivac Anciles 2013

El pasado fin de semana nos fuimos de nuevo a hacer el vivac. Esta vez adelantamos la fecha con relación a los últimos años, pero hacerlo en el último fin de semana de junio tiene la ventaja de más horas de luz y más gente en la ciudad. Salimos el sábado a mediodía. Nuestra primera parada fue en la cascada cola de caballo de Nocedo. Había chicos que no la conocían.

Jesus, Alejandro, Jose, Jaime, Eduardo, Juan y Pablo
Frente a la cabaña al atardecer.
A continuación nos acercamos a las pozas de Los Caseríos. Siempre es un lugar importante en el vivac. Lo curioso, y la pega, es que el agua del Curueño estaba más fría de lo habitual. ¡Y eso que siempre está fría! Después comprobamos que en la montaña todavía había mucha nieve y esto hace que el agua baje más fría de lo normal. Algunos apenas se mojaron un poco y salieron rápidamente del agua.

Fuimos a comer a Redipuertas, al lado su impresionante cascada. Pasamos por el campamento de Valdelugueros y regresamos a Los Caseríos. El agua estaba un poquito menos fría a esas horas, pero no mucho. Ya a media tarde, cargados con nuestras mochilas, emprendimos el camino del bosque de los Elfos donde pasamos la noche. Una vez más tuvimos gente deportista que no se arruga ante el calor y la impresionante cuesta que hay que subir para llegar a nuestro destino.
Una arbol enorme y Alejandro
Alejandro ante un enorme árbol.

Ya en el bosque, comprobamos que la cabaña del año anterior estaba casi intacta, unos pequeños retoques y estuvo lista para dormir. Pero este año somos anda menos que ocho personas para dormir. Decidimos hacer otra cabaña pequeña por si no cabíamos todos. Una vez listas las cabañas nos fuimos a cantar canciones, cenamos y rezamos el rosario todos juntos. Antes de acostarnos los monitores nos ofrecieron un concurso de historias. José nos contó con gran entusiasmo la historia de "El corazón delator".

Finalmente todos dormimos en la misma cabaña. Bueno, algún monitor durmió por la parte de fuera... También hubo historias en la oscuridad de la noche. Hubo quién se durmió enseguida, hubo quien apenas pegó ojo... lo normal.

A la mañana siguiente, después de desayunar y recoger todo, decidimos regresar por la parte difícil, pero más emocionante. Recorrimos un camino en medio del bosque, vimos paisajes impresionantes. Encontramos el caché de geocaching que habíamos guardado hace cuatro años y que solo han visitado dos buscadores, el último de ellos un holandés apodado GeoLash que se perdió varias veces antes de localizarlo. Todo estaba en su sitio.

Ahora viene el impresionante descenso entre un bosque de hayas con una cuesta tan empinada que es muy fácil caer rodando entre hojas secas sin hacerse daño. Una vez llegados a los coches nos fuimos directos hasta las pozas: necesitábamos un baño, aunque fuera en agua fría.

A la una estuvimos en Lugueros para asistir a la misa del domingo. Para comer nos acercamos hasta el puerto de Vegarada, que es un sitio fresco y con unas vistas estupendas. Había por allí muchos caballos sueltos. Pablo logró subirse a uno de ellos. Antes de regresar a León volvimos a pasar por las pozas. Esta vez costó sacar a los chicos del agua. Como siempre el vivac es la convivencia más emocionante del año.

En el enlace podéis ver las mejores fotos (no están todas):
http://www.flickr.com/photos/anciles/sets/72157634462552793/show/