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30 agosto, 2016

JMJ 2016 Cracovia

Un acontecimiento único en la historia. Nunca olvidaremos ese encuentro internacional con el Papa Francisco en el que nos dimos cita jóvenes de los cinco continentes. El Papa, como siempre, nos dio un empujón hacia arriba y nos hizo despertar y proseguir con renovado empeño. Además, el hecho de encontrarnos con una enorme cantidad de jóvenes cristianos de todas las razas y culturas nos elevó el ánimo y la alegría.

Houston y su guitarra
Había una inmensa cordialidad con todos los peregrinos, que nos llevaba a saludarnos, hacernos fotos juntos y cantar como si fuésemos amigos de toda la vida. En nuestra expedición íbamos dos autobuses con chicos de Castilla y León, Asturias y Cantabria, que nos alojamos en un hotel rural de una población llamada Zalyckzyn, a unos 40 km de Cracovia. Pudimos ver la ciudad de Cracovia antes de asistir a la vigilia de oración con el Papa en el Campus Misericordiae. A todos se nos quedó grabado el mensaje del Papa de no confundir la felicidad con la comodidad y de no estar atontados, “imbambolati e intontiti”, como dijo literalmente. De León fuimos Juan, Guille y Houston. Fue un viaje un poco agotador, pero mereció la pena con toda seguridad.

 

29 abril, 2012

La empatía en la educación de los hijos adolescentes



No es difícil escuchar a los adolescentes frases del tipo: ¡Mis padres no me entienden!, ¡Me tratan como a un críos!, ¡Sólo lo suyo es importante!.

Si dirigimos el oído a los padres encontraremos lamentos del tipo: ¡A este no hay quien lo entienda! ¡Parece que sólo saber llevar la contraria!, ¡No le preocupa lo que pasa en casa!, ¡Siempre va a lo suyo!.

Parece que los padres y los adolescentes están condenados a no entenderse. Los padres piensan, por lo general, que la juventud actual es muy egoísta y que es incapaz de pensar en los demás. Sin embargo, la empatía no es lo que les falta a nuestros adolescentes. Son capaces de preocuparse de su colega, comparten sus sentimientos y sufren con ellos. Los adolescentes valoran mucho la empatía, pero cabe preguntarse ¿Por qué esa empatía parece que solo son capaces de manifestarla con sus amigos y compañeros y no con sus padres?

Escuchar

La característica principal de una persona es que sabe escuchar, no sólo oír. Muchas veces los adolescentes se niegan a hablar con sus padres. Esto se debe a dos razones: salvaguardar su intimidad y evitar broncas de sus padres. Es muy típico que los padres utilicen el llamado “sermón-monólogo” en el que pasan revista a todo lo que el hijo hace mal y a los disgustos que da a la familia. Sin embargo, esos mismos padres ¿saben que piensa su hijo acerca de todo esto? ¿indagan sobre qué le preocupa al hijo?.

Otro error es  el aplazamiento de las conversaciones. La medida del tiempo para un chaval es diferente a la del adulto. Si un hijo dice “quiero contarte algo”, hemos de tener muy presente que esa frase tiene un sentido muy distinto al “tenemos que hablar” de los padres. Estas palabras son un grito de socorro que no puede esperar. Todos confiamos en quien tiene un sentimiento de interés por nosotros y por nuestras cosas. En una palabra, confiamos en quien nos escucha.

Desarrollar la empatía

La empatía exige reciprocidad. Puede facilitarla el mostrar delante de los hijos las dificultades que pasamos en el trabajo o con alguna enfermedad. El mostrarles parte de nuestra intimidad es una gran manifestación de confianza. Además debemos procurar conocerles sin juzgarles, el escucharles, el compartir con ellos aficiones, el preguntarles por sus inquietudes. Todo esto habrá que hacerlo sin  charlas recriminatorias y en un momento sereno y libre de problemas.

Es muy importante la influencia de la familia en el establecimiento de la empatía. La explicación está en la satisfacción de las necesidades emocionales gracias a los vínculos afectuosos. Esto facilitará la preocupación sincera por conocer y ayudar a los demás.

Por último, podemos decir que el desarrollo de la empatía facilitará a los padres el conocer a sus hijos, el educarles en un clima de confianza y el hacerles ver campos de mejora en su personalidad.

27 noviembre, 2011

¿Cómo facilitar la amistad de los jóvenes?


Algunas circunstancias dificultan a los jóvenes el hacer amigos: la timidez, el empezar estudios en una Facultad, el cambio de residencia, los horarios de las clases, etc.

Cada uno es como es y, por nuestra forma de ser, puede costarnos más el hacer amigos. Sería contraproducente disimular nuestra forma de ser. Tal vez lo consigamos al principio, pero no vamos a lograr enmascarar nuestra dificultad eternamente.

Hemos de convencernos de que tal como somos podemos tener un montón de amigos. No viene nada mal tener confianza en nosotros mismos para dar el primer paso. Si sintonizamos, bien, si no, no pasa nada. Habrá que hacer lo posible para retirar los obstáculos para una buena comunicación.

Abrirse a otros ambientes


Para conocer gente hay que moverse en distintos ambiente. Donde no conseguiremos amigos es en nuestra propia casa. Los amigos los podremos encontrar en diferentes ambientes y cuantos más tengamos mejor.

Si tenemos dificultades para conocer a otras personas en los lugares en los que nos movemos, deberíamos abrirnos a otros. Cuanto mejor sea el ambiente en el que estamos, más valiosas serán las amistades que encontraremos. Podemos apuntarnos a algunas actividades de la Universidad, a alguna asociación cultural, deportiva, de voluntariado, a algún curso, etc.

La primera impresión


El primer encuentro con otra persona es muy importante, aunque la primera impresión puede ser equivocada. A veces juzgamos demasiado rápido a una persona o nos dejamos influir por opiniones ajenas. De esta forma podemos desperdiciar ocasiones de conocer mejor a una persona.

No existen normas fijas en el primer contacto. Lo mejor es actuar con naturalidad, como cada uno es. Las primeras conversaciones son de contacto sobre temas cercanos: ¿Qué estudia? ¿De dónde es? ¿Tiene amigos cercanos?. Así nos iremos animando a hablar cada vez más. En poco tiempo esa persona habrá pasado de ser un conocido y vislumbraremos una verdadera amistad.

A veces se puede estropear una naciente amistad por hacer preguntas comprometidas. La vida privada no es un tema para tratar al principio. El futuro amigo tendrá una buena impresión si comprueba que respetamos ciertos temas. Una regla que nos ayudará para que nuestras preguntas no sean inconvenientes es que sean siempre abiertas. Es decir, que las respuestas puedan ser amplias y variadas, que no sean preguntas para contestar sí o no. Se pueden formular con el ¿Qué? o el ¿Cómo?. Evitaremos usar el ¿Por qué? ya que este tipo de preguntas suelen ser muy intrusivas.

Escuchar


El procurar escuchar de forma activa a nuestros amigos favorece la empatía y la relación personal. No se trata de una actitud fingida, sino de una verdadera preocupación por la otra persona. Puede ayudar el reafirmar las frases de nuestro interlocutor, el asentir con gestos, el mirar a la otra persona, el no bostezar, no interrumpir, el preguntar.

En las primeras conversaciones es mejor no dar consejos o sugerencias, porque se pueden entender como un intromisión.

Compartir y hablar


Saber hablar tiene mucha importancia. En la conversación se manifiesta nuestra personalidad. Hemos de procurar no tener una postura tajante en nuestros razonamientos, al principio de la amistad. Intentaremos buscar puntos de coincidencia y aficiones comunes en vez de discutir desde el principio nuestras posturas.

Lo más característico de la amistad es la reciprocidad y la confianza mutua. El manifestar nuestros problemas, ilusiones y éxitos favorecerá la apertura de la otra persona y la intimidad propia de la amistad.