12 enero, 2010

El perfeccionismo de los jóvenes


Procurar que lo que hacemos salga bien es razonable. Hay personas que se exceden en la búsqueda de la excelencia en sus deberes y llegan al perfeccionismo. Esto produce sufrimiento psicológico y hace que las personas que les rodean también lo pasen mal.

Los rasgos del perfeccionista

Los más característicos son de estas personas son los siguientes:

  • Sentido muy estricto de la justicia.

  • Gran exigencia consigo mismo y con los demás.

  • Dificultades para delegar las tareas en otras personas.

  • Presencia de ideas fijas y tendencia a ser muy cuadriculado y poco flexible.

  • Visión negativa de casi todo.

  • Suelen anticipar enfados y polémicas mentales.

  • Fijan metas muy elevadas e incluso inasequibles.

  • Autocrítica muy acentuada y dificultades para aceptar las críticas de los demás.

  • Necesidad de la aprobación de los demás.

  • Les cuesta tirar objetos o libros porque piensan que les podrían ser útiles en el futuro.

  • Miedo a tomar decisiones y a fracasar.

Sociedad competitiva

La sociedad en la que vivimos es muy competitiva. Esto favorece que los jóvenes tengan obsesión por el éxito: deben hacer una carrera brillante, deben dominar varios idiomas, tienen que tener unas buenas relaciones con los demás, tendrán que conseguir un prestigioso trabajo, etc. Todo esto puede favorecer este comportamiento perfeccionista.

Una sociedad tan competitiva puede llevar al joven a vivir para estudiar y para conseguir metas concretas. Estas personas se centran en rendir cada vez más y en ver cómo les valoran. La consecuencia es el exceso de trabajo, el cansancio, la ansiedad, el miedo a fracasar, el no disfrutar de lo que se consigue.

Además surge la desconfianza en los demás y por esta razón por “quieren controlar todo”. Esto provocará sufrimiento en las personas que rodean al perfeccionista. No hay que olvidar tampoco que estas personas son más propensas a padecer la anorexia nerviosa.

Algunas orientaciones que pueden ayudar

El perfeccionismo puede solucionarse en la infancia y en la adolescencia. Los casos más graves necesitarán la intervención de un profesional. Algunos aspectos como los que siguen pueden ayudar a aliviar el problema:

  • Vivir el momento presente. No estar rumiando con la imaginación lo que ocurrió o preocupado por lo que vendrá.

  • Procurar disfrutar de lo que hay que hacer cada día.

  • Considerar que la puntualidad y el orden son medios y no fines en sí mismos.

  • Proponerse “hacer cosas no del todo bien” cada día.

  • Al enjuiciar algo tener en cuenta que las cosas no son blancas ni negras absolutamente y que hay colores intermedios.

  • Los fallos de los demás, al igual que los propios, no son tan importantes como pueden parecer.

  • Dar más valor a la opinión que se tenga de uno mismo que a la que tengan los demás.

  • Evitar la dependencia de la opinión de los demás.

  • Mostrar los sentimientos y ser más expresivo.

  • Delegar responsabilidades en los demás y fiarse de que lo harán bien.

  • Dedicar tiempo a los amigos y a las aficiones.

  • No emplear todo el tiempo en realizar tareas útiles. Descansar lo suficiente.

  • No imponer las opiniones a los demás.

  • Comprometerse en aspectos importantes y tomar decisiones en un plazo razonable.

  • Aceptar el fracaso, por ejemplo los suspensos, y verlo como una ocasión para mejorar.

  • Procurar seleccionar lo que realmente es necesario y olvidar lo demás.

  • Darse cuenta que la persona absolutamente perfecta no existe.

Estas sencillas pautas pueden ayudar a que los jóvenes no se instalen en el perfeccionismo. Dependiendo de la edad del hijo habrá que explicarle cómo actuar adaptándose a lo que él pueda entender. Para profundizar en este tema se puede consultar la obra de Dr. Manuel Álvarez Romero y de Domingo García Villamisar titulada “El síndrome del perfeccionista”.

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